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Claves de la Inteligencia Emocional para sobrevivir al éxito

05.11.2017

(capítulo escrito por Ami Bondía en el libro "Bienestar Emocional"; ed. Dickyson, 2015).

 

 

Muchas veces el éxito no es sinónimo de felicidad. Son muchos los ejemplos de personas famosas y anónimas que a pesar de tener todo aquello que socialmente se considera valioso no están satisfechas con su vida y buscan refugio en hábitos poco saludables que incluso ponen en peligro su vida. Éste es un fenómeno vigente en el tiempo y a nivel global.

 

El éxito frecuentemente lleva a cambiar las condiciones de vida y costumbres de las personas que lo alcanzan y no todos tienen las habilidades emocionales para gestionar esta transformación adecuadamente. En este capítulo, haremos un recorrido por las distintas teorías que explican este fenómeno desde el punto de la Inteligencia Emocional y plantearemos las claves para vivir el éxito de una forma enriquecedora y responsable.

 

1.¿Qué es el éxito? Son muchas y variadas las definiciones de éxito. Por ello, para aproximarnos a este controvertido tema vamos a recopilar algunas de ellas.Según la Real Academia de la Lengua Española, el éxito es el “resultado feliz de un negocio, actuación” o en segunda acepción la “buena aceptación que tiene algo o alguien”.Por otro lado, para el filósofo, Ralph W. Emerson, el éxito “consiste en obtener lo que se desea y la felicidad en disfrutar de lo que se obtiene” (De Mora, 2005. Pág. 40).En esta misma línea se encuentra Peter Drucker, gurú del management, que además hace hincapié en la necesidad de estar en constante actividad y moverse con riesgo. Para él, detrás de un éxito hay como mínimo, una decisión valiente (DeMora,2005).También, Charles Patrick García apuesta por la acción y define el éxito como el resultado de la fórmula: “soñar+ planificar+ actuar+ perseverar” (De Mora, 2005.Pág. 42).Sin embargo, autores como Winston Churchill o Valentín Fuster, vinculan el éxito a la buena gestión emocional de la persona. Así, mientras que para Churchill “el éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse” (De Mora, 2005. Pág 40) para el prestigioso cardiólogo, el éxito consiste en “sentirse realizado con lo que haces, en saber estar en el lugar en que debes estar y en dar a la sociedad todo lo que puedas” (De Mora, 2005. Pág 41). Un concepto que nada tiene que ver con la necesidad de destacar o ser un número uno.

 

2.Tipos de éxito:Al igual que existen distintas definiciones de éxito, éste también se puede clasificar de diferentes maneras. Aquí recogemos algunas de las tipologías más significativas.

 

2.1. Intrínseco y Extrínseco. Por un lado, el éxito intrínseco es aquel que está vinculado con el lado emocional de la persona y con el fortalecimiento de su vida personal; y por otro, el extrínseco es el logro relacionado con ámbitos superficiales como la obtención de reputación o fama. En este sentido, la primera acepción está más unida con el sentimiento de felicidad que la segunda, que tiende a provocar inseguridad e insatisfacción (Brooks,2014).La gente que busca los valores extrínsecos (dinero, fama, imagen…) frente a los intrínsecos (crecimiento, comunidad…) son menos felices.

 

Este tipo de éxito suele estar encarnado por gran parte de los personajes famosos o “celebrities”. Personas que tienden a basar su éxito en la popularidad que les otorgan los medios y el propio público. Su objetivo es el reconocimiento social (Brooks, 2014) y por tanto, tienden a desarrollar excesivamente su ego y su necesidad de comparación social (Sheldon, Gunz, Nichols &Ferguson,2010)A pesar de la infelicidad que suelen generar los valores extrínsicos, a medio-largo plazo, gran parte de la población invierte mucho tiempo y esfuerzo en alcanzarlos.

 

Las principales razones de este fenómeno son (Sheldon, Gunz, Nichols & Ferguson, 2010):

 

 

 Culturales. Los medios de comunicación o la publicidad tienden a idealizar y a ensalzar este tipo de valores. Suelen vincularlo de forma errónea con la felicidad. (Oliva, 2012; Sheldon, Gunz, Nichols & Ferguson, 2010).

 

Sociales. El contexto y las personas que rodean a una persona (familiares, amigos, compañeros de trabajo…) determinan la concepción positiva o negativa entorno a dichos valores.

 

En muchos casos, el éxito extrínseco es el más reconocido por el entorno (Sheldon, Gunz, Nichols & Ferguson, 2010).

 

Individuales. La experiencia propia y la evolución de la persona pueden llevar a sobrevalorar positivamente este tipo de valores (que otorgan una felicidad efímera), olvidando el sacrificio personal que muchas veces supone (falta de tiempo libre, estrés, ausencia de paz interior…) (Guix, 2010; Sheldon, Gunz, Nichols & Ferguson, 2010).

 

2.Objetivo y Subjetivo.El éxito objetivo es aquel vinculado con aquellos resultados visibles por la sociedad. Personas populares como Rafa Nadal o Garcia Márquez son ejemplos de este tipo de éxito (Frailes,s/f).

 

Por otro lado, el éxito subjetivo es aquel cuyo resultado se vive en la intimidad. Es un resultado individual conectado con el logro de los propios desafíos personales y con la satisfacción de la propia conciencia. La persona estará orgullosa o no en función de un criterio meramente personal (Frailes,s/f). Estos dos tipos de éxitos son complementarios. Es decir una misma acción tendrá un resultado objetivo (externo) y otro subjetivo (interno).

 

Por tanto, las combinaciones que pueden surgir son variadas (Fraile s/f):

 

-Éxito objetivo bajo y éxito subjetivo bajo.Hace referencia a aquellas personas que no sólo están descontentas con la labor que desarrollan en su trabajo o en su vida personal, sino que además nadie se lo reconoce. Una persona en esta situación tiene una gran sensación de fracaso (Fraile s/f).

 

-Éxito objetivo alto y éxito subjetivo bajo. Hace referencia a aquellas personas, que a pesar de no estar satisfechas con lo que hacen, buscan llamar permanentemente la atención, lucirse, salir en los medios de comunicación etc. Tal y como apunta Fraile (s/f): “Esto implica estar buscando el éxito como fin en sí mismo y por lo general, se actúa con falta de rectitud de intención en los distintos ámbitos de su quehacer. Las personas que actúan dentro de este cuadrante están buscando fama. La fama es éxito vacío, efímero, que hace a una felicidad corta, sin trascendencia” (Pág. 91).

 

-Éxito objetivo bajo y éxito subjetivo alto.Hace referencia a las personas que tienen la capacidad de hacer las cosas porque les satisfacen independientemente del reconocimiento social. En este cuadrante actúa la persona realizada. Se trata, por tanto, de aquel hombre o mujer que está muy a gusto con lo que hace y no necesita ser reconocida por otras personas. Su satisfacción radica en hacer felices a los demás. Por ejemplo, sería el caso de una madre que cuida a su hijo enfermo o de aquella persona que decide fundar una ONG para apoyar a los más desfavorecidos (Fraile s/f).

 

-Éxito objetivo alto y éxito subjetivo alto. Quien se encuentra en este nivel adquiere la denominación de “modelo”. Se convierte, de este modo, en un referente social de virtudes capaz de influir positivamente en otras personas. Para Fraile (s/f): “el hecho que una persona llegue a ser un modelo, se da siempre de una manera natural, sin que ésta busque serlo. No se llega a modelo desde la fama. Sólo se llega a ser modelo desde la realización, cuando esa motivación para hacer las cosas con un sentido trascendente se empieza a hacer pública a pesar de la voluntad de quien lo vive. Solo una persona realizada que no busca ser modelo, podrá serlo” (Pág. 92).

 

 

3. La otra cara del éxito:

 

Personas famosas como Philip Seymour Hoffman, Michael Jackson, Kurt Cobain, Amy Winehouse o Whitney Houston disponían de dinero, fama y poder. Así “para quien los mira, y admira, desde la butaca del cine o desfilando glamorosos sobre la alfombra roja, es prácticamente un hecho que deben ser felices” (Echeandía, 2014. Párrafo 8). Sin embargo, todos ellos murieron prematuramente al no ser capaces de encontrar el sentido a su vida. Como señala la periodista Rossana Echeandía: “La droga y otros excesos se convierten de esa manera en los sucedáneos con que intentan llenar el insoportable vacío existencial” (Echeandía,2014.Párrafo9).

 

El mundo del éxito está marcado por fuertes presiones externas, que tienden dejar a un lado las necesidades humanas (amor, autoconocimiento…) en favor de la fugacidad y la exaltación estética o material. Este fenómeno genera a largo plazo una gran infelicidad.Aunque la voluntad de mejora permite el progreso, tanto individual como de la sociedad en su conjunto, es importante gestionar bien el éxito. Cuando no se consigue puede traer graves perjuicios para la persona como el “síndrome del nada es suficiente” o el “perfeccionismo neurótico” (Ben-Shahar, 2011. P). El síndrome del “nada es suficiente”.Este fenómeno, tal y como apunta el psicólogo Nathaniel Branden, hace referencia a la incapacidad de muchas personas de estar satisfechas con lo que tienen o con lo que son (Ben-Shahar, 2011). Algunas de las manifestaciones que lo hacen visible son:

 

3.1.1 Acumulación y alarde de bienes materiales. Una vez se tienen cubiertas las necesidades básicas (alimento, alojamiento…) el dinero se puede convertir en una fuente de infelicidad, ya que en muchos casos el objetivo empieza y termina en él mismo (Ben-Shahar, 2011; Brooks,2014). Así, lo pone de manifiesto la investigación realizada por el economista Angus Deaton y el psicólogo, galardonado con el Premio Nobel, Daniel Kahneman que demostró cómo el mayor nivel de satisfacción se alcanza al obtener unos ingresos de 75.000 dólares anuales, ya que a partir de ahí la felicidad se mantiene o decrece (Luscombe, 2010).

 

3.1.2 Adicción sexual. Las películas y el mundo de Hollywood tienden a mostrar que la felicidad está en la variedad sexual (Brooks, 2014). Sin embargo, como apunta el psiquiatra Viktor Frankl (1991) la adicción sexual es una manera de llenar el vacío existencial de una forma temporal. El sexo es enriquecedor cuando es un medio de expresión del amor y no un fin en sí mismo.

 

3.1.3. El ego desproporcionado. Las personas que no han sabido digerir adecuadamente el éxito tienen a alardear de sus logros de una forma excesiva y poco respetuosa (De Mora, 2005).Como consecuencia de ello, las personas de alrededor tienden a cambiar sus comportamientos al estar cerca de ellos. Así por ejemplo, es muy normal que estas personas vivan en una “burbuja de cristal” en la que nadie se atreve a darles malas noticias (Ben-Shahar, 2011).

 

3.1.4. “Yonkis del éxito”. La fama, al igual que las drogas o el alcohol crea adicción. Como consecuencia de ello, las personas con popularidad sienten que no pueden vivir con la presión e infelicidad que ésta les genera pero tampoco pueden estar sin ella. Así, tal y como apunta la psicóloga Donna Rockwell, los personajes famosos o “celebrities” tienden a describir su vida como como la de “un animal en una caja; un juguete en el escaparate de una tienda; una muñeca Barbie; una fachada pública, una figura de arcilla o aquel chico de la tv”[1] (Brooks,2014.Párrafo15). La presión y las exigencias de la fama pueden convertir a la gente famosa en “yonkis del éxito”. Es decir, personas dependientes de conseguir de forma continuada sus metas y a pesar de ello sentirse incompletas (Hartley-Brewer, 2002).Sin embargo, el problema de la adicción al éxito ya no es solo un problema de los personajes públicos. Así, cada vez más, abarca a otros sectores de la población y muy especialmente a los más jóvenes. El número de niños que sufren la presión por lograr las metas marcadas es cada vez mayor. Como señala Elizabeth Hartley-Brewer (2002), por este motivo, “uno de cada 10 niños de edad comprendida entre los cinco y los quince años tiene serios problemas de salud mental, de acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística”[2] (Pág.119). Como consecuencia de este problema, muchos menores sufren ansiedad, desórdenes alimenticios o depresión, entre otros males.La raíz de este fenómeno radica, según la autora, en la preocupación de los gobiernos por promover el desarrollo de competencias técnicas y el abandono casi absoluto del desarrollo emocional en la educación (Hartley-Brewer, 2002). Este aspecto es esencial para entender por qué hay personas que con el mismo nivel de éxito son estables y otras no. Los hombres y mujeres adictos al éxito tienden a ser infelices, obsesionados con el fracaso y suelen tender a la autodestrucción. Porque como apunta Elizabeth Hartley-Brewer (2002) “el éxito a cualquier precio (…) tiene costes en términos de salud y felicidad”[3] (Pág. 119).

 

3.1.5 Exceso de virtualización (Social Media). Las redes sociales muestran vidas incompletas. La mayor parte de las fotos y textos que se comparten virtualmente muestran a personas felices con vidas ideales. Hoy en día, cualquiera puede construir su pequeña base de fans en Facebook, Twitter, YouTube…y conseguir fama. Una fama que engancha y genera adicción. En este sentido, cuando la persona invierte mucho tiempo en este mundo ficticio y sobrepasa la utilidad inicial de estas herramientas (estar contacto con amigos, colegas de trabajo…) ya se convierte en un ser infeliz. Deja de vivir su propia realidad en favor de construir una vida irreal que alimenta su insaciable ego (Brooks, 2014).

 

3.1.6 Los ladrones de éxito. Es habitual que entorno a las personas que triunfan se abalancen los llamados “ladrones de éxito”. Estos usurpadores pueden estar encarnados por distintos roles: los padres, profesores, jefes, managers… y son aquellas personas que, de forma consciente o inconsciente, hacen suyo el logro de otro. Proyectan en la otra persona su propia necesidad de éxito y en muchos casos presionan para alcanzar metas nuevas constantes. Como consecuencia de ello, el mensaje que tiende a interiorizar la persona exitosa es que para ser amado y atendido necesita impresionar. Y esto puede generar una gran ansiedad (Hartley-Brewer, 2002).

 

 

¿Perfeccionista Neurótico u Optimalista?A finales de 1980, psicólogos americanos e ingleses expertos en motivación deportiva realizaron los primeros estudios sobre las causas que provocaban la infelicidad en las personas que alcanzaban el éxito. El tema de las investigaciones se centraron en torno al perfeccionismo (Hartley-Brewer,2002).El perfeccionismo hace referencia a la voluntad de hacer las cosas bien y, por tanto, es una herramienta de gran utilidad para alcanzar los logros. Sin embargo, en algunos casos, también es capaz de destruir la satisfacción emocional que corresponde sentir por las metas conseguidas (Hartley-Brewer,2002).

 

En función de la buena o mala gestión del éxito, podemos distinguir dos tipos de personas: el optimalista (o perfeccionista positivo) y el perfeccionista neurótico. El desarrollo de un tipo u de otro está muy marcado por el entorno familiar, las experiencias personales, incluso los genes (Hartley-Brewer, 2002; Schnittker, 2008). Así, en el primer caso, la persona vive el éxito de una forma saludable en la que las metas son realistas y flexibles y los logros se disfrutan. En el segundo caso, la persona está en constante búsqueda del éxito y cuando lo alcanza no es feliz con el resultado. Como consecuencia de ello, tiene tendencias depresivas e incluso suicidas (Hartley-Brewer, 2002).

 

A los perfeccionistas neuróticos, el éxito no les hace felices por dos motivos principalmente (Hartley-Brewer, 2002): Quieren ser mejores a otros, no por enriquecimiento y superación personal, sino para demostrar que son los “número uno”.Su autoestima depende de la aprobación de otros y eso genera una gran incertidumbre. Además, tras un éxito necesitan otro y cada vez es más difícil de conseguir la siguiente meta.Como consecuencia de ello, aparece: ansiedad, desórdenes alimenticios, pensamientos suicidas, anorexia, culpabilidad, vergüenza o baja autoestima (Hartley-Brewer, 2002).En estos casos, si la persona no alcanza la meta marcada se siente que no vale nada.

 

Según Tal Ben-Shahar (2011), la búsqueda de la perfección es el principal motivo de infelicidad (Hartley-Brewer, 2002). Como añade el autor: “O aprendemos a fallar o fallamos al aprender” (Ben-Shahar,2011.Párrafo1).A nadie le gusta el fracaso, pero hay una gran diferencia entre una aversión normal y un temor intenso (Ben-Shahar, 2011). Aquellos individuos que saben que el fracaso está íntimamente conectado con el éxito son los que aprenden, maduran y acaban haciéndolo bien (Ben-Shahar, 2011).

 

El miedo a fallar debilita el ego y genera ansiedad aun estando en la cumbre. Además, genera dependencia del éxito (Hartley-Brewer,2002).Los perfeccionistas neuróticos perciben las críticas como un ataque que cuestiona su valía personal. Así, frente a éstas, suelen adoptar una actitud extremadamente defensiva que les impide aprender de ellas. Esta reacción está motivada por el deseo de recibir evaluaciones positivas constantes y de ser reafirmado por los demás. El optimalista, por el contrario, está abierto a las sugerencias. Reconoce el valor del feed-back y se toma el tiempo necesario para valorar la validez de las críticas y para analizar cómo puede aprender de ellas y mejorar (Ben-Shahar, 2011).

 

El perfeccionista neurótico puede ser extremadamente duro consigo mismo y también con los demás. Cuando comete un error y fracasa es implacable. Lleva la noción de la responsabilidad a un extremo insano. El optimalista asume la responsabilidad de sus errores y aprende de sus fracasos, aceptando que es inevitable equivocarse. Por lo tanto, el optimalista es mucho más comprensivo con sus propios fallos. Normalmente, la tendencia a ser compasivo con uno mismo se traduce también en una actitud amable y tolerante con los demás (Ben-Shahar,2011).

 

La rigidez del perfeccionista neurótico tiene su origen en una necesidad de control obsesiva. Por el contrario, el optimalista también se marca objetivos ambiciosos, aunque no está encadenado a estos compromisos. Está abierto a alternativas diferentes y es capaz de enfrentarse a imprevistos y giros inesperados. (Ben-Shahar,2011).

 

Un perfeccionista consumado se marca unos objetivos demasiados ambiciosos; si los alcanza es incapaz de apreciarlo y si no los consigue se hunde psicológicamente. Es el caso de muchos famosos que no son capaces de ser felices a pesar de tener todo aquello que aparentemente debería hacerles sentir bien y acaban autodestruyéndose. Sin embargo, el optimalista se marca objetivos elevados pero factibles y aprecia el éxito una vez conseguido (Ben-Shahar, 2011).Hay legiones de perfeccionistas que, a pesar de tener dinero, salud, belleza y prestigio social, son infelices (Garoarsdóttir, 2009). Según Tal Ben-Shahar (2011): “(…) la felicidad depende mucho más del estado de ánimo que del estado de la cuenta bancaria. Una vez satisfechas las necesidades básicas, —necesidades como comida, vivienda y educación— el nivel de bienestar dependerá de aquello en lo que decidamos concentrarnos y de la interpretación que hagamos de los acontecimientos externos.

 

¿Vemos el fracaso como algo catastrófico o como una oportunidad de aprendizaje?(…)” (Párrafo 35). Tenemos que aceptar que nuestros límites son reales. Encontrar un equilibrio entre los retos y las expectativas. Aunque no existe una técnica para identificar qué objetivos son realistas y capaces de inspirar, el psicólogo Richard Hackman sugiere que “la medida adecuada para tener una motivación máxima se encuentra donde tengas un 50% de probabilidad de éxito” (Ben-Shahar, 2011. Pág. 5)

 

 

4. ¿Por qué atrae el éxito material?Tal y como hemos visto, es muy frecuente que la acumulación material y la fama se conviertan en una fuente de infelicidad y sin embargo, la intuición nos hace perseguirlas con tenacidad. Para Arthur C. Brooks (2014) esta incoherencia se debe a dos aspectos: El objetivo último del ser humano es expandir su ADN lo máximo posible y la riqueza, la fama y el poder, en principio, lo facilita (permite cuidarse más y tener un mejor físico, vestir mejor, conocer a más gente…). Sin embargo, la naturaleza es cruel ya que ésta busca cumplir su objetivo a toda costa, sin importar si esa vida aporta infelicidad a la persona. El éxito material permite saciar temporalmente la insatisfacción vital ya que aporta un placer inmediato, pero también corto y adictivo. Como señala Viktor Frankl (1991), el vacío existencial es uno de los grandes males de la sociedad contemporánea. La evolución nos ha hecho perder, por un lado, los instintos animales y las obligaciones religiosas que nos guiaban en la vida, y es la propia persona la que tiene que encontrar su propia misión, lo cual no es fácil y genera un gran vacío.Los buscadores de fama y riqueza siguen la fórmula: “ama a las cosas, usa a la personas[4]” (Brooks, s/f, párrafo, 33). Sin embargo, si una persona quiere ser libre debe invertirla: “ama a las personas, usa las cosas[5]” (Brooks, s/f, párrafo,33). Una actitud que requiere coraje para repudiar el orgullo y amar a los demás. Pocas cosas otorgan más libertad que compartir o vivir con una orientación social (Brooks, 2014).

 

5. Inteligencia Emocional para gestionar el éxito.“El éxito social atrae y se busca más que nunca para gozar de sus privilegios. Sin embargo, permanecer en él y sobrevivirlo es todo un proceso, no exento de amenazas y dificultades” (Guix, 2010. Párrafo, 1).

 

La naturaleza humana tiende a buscar la admiración del entorno. Sin embargo, en muchos casos, conseguir destacar sobre los demás tiene un precio: esfuerzo, sacrificio, presión, estrés, falta de tiempo libre…que si no se gestiona adecuadamente puede causar una gran infelicidad en la persona. Para sobrellevar y disfrutar del éxito una vez alcanzado es necesario recurrir a grandes dosis de Inteligencia Emocional y prudencia (Brooks, 2014). La Inteligencia Emocional es la habilidad para percibir, comprender, asimilar y regular las emociones propias y la de los demás (Fernández-Berrocal y Extremera, 2009; Mayer, Salovey y Caruso, 2008b). Gracias a ella será posible resolver problemas o tomar decisiones haciendo un uso equilibrado entre razón y emoción (Mayer et al., 2008a), favoreciendo el bienestar de la persona (Fernández-Berrocal yExtremera,2009).Éstas son algunas de las claves para enfocar el éxito de forma saludable:

 

5.1. Fomentar la reflexión y el autoconocimiento. Viktor Frankl, superviviente de campos de concentración nazis, afirma que descubrir “el sentido de la vida” es la clave de la felicidad (Echeandía, 2014; Frankl, 1991). Una idea que ya defendió en su día Nietzsche: “quien tiene un porqué para vivir encontrará casi siempre el cómo” (Frankl, 1991.Pág.106).Sólo si la persona sabe lo que quiere y hasta dónde está dispuesta a sacrificar será capaz de tomar decisiones acertadas y vivir el éxito de una forma responsable y enriquecedora (Brooks, 2014; Goleman, 1996).Generalmente, las personas que se conocen bien a sí mismas y descubren cuál es su misión vital tenderán a vivir el triunfo como una forma de realización personal. En estos casos, la llegada del éxito se suele gestionar de una forma tan natural que favorece que la persona se convierta por sus virtudes humanas en un modelo o referente social. Así, la fama y las riquezas materiales también pueden convertirse en una herramienta de servicio a la sociedad y de felicidad para quien las posee (Fraile s/f).

 

5.2. Realización personal.Generalmente, las personas que se conocen bien a sí mismas y descubren cuál es su misión vital tenderán a vivir el éxito como una forma de realización personal (Fraile s/f).Los retos deben de encararse como una forma de superación propia y no como una forma de superar a los demás o de cumplir las expectativas del entorno. De esta manera, llegar a la cumbre es el resultado del esfuerzo, la autoestima, la determinación…y por tanto, se vivirá con una gran satisfacción personal (Garoarsdóttir, 2009; Hartley-Brewer, 2002).

 

5.3. Marcar tiempos realistas para cada meta y para cada éxito.El éxito constructivo y enriquecedor es aquel que se va labrando con paciencia y tranquilidad. Además, es el fruto tanto de los pequeños logros alcanzados como también de los fracasos que han existido por el camino; sin éstos no se hubieran aprendido las lecciones necesarias para lograr la meta. Más allá de alcanzar un objetivo, el sentimiento de satisfacción se logra cuando la persona tiene la sensación que haber hecho todo lo que pudo por lograrlo (Hartley-Brewer, 2002).

 

5.4. No vincular el logro a la calidad humana como persona (Hartley-Brewer, 2002).

 

5.5 Huir de las recompensas externas.Frente a los objetivos materiales y la competición con los demás, hay que tender a perseguir aquel logro que aporte motivación y enriquecimiento humano (Garoarsdóttir, 2009; Hartley-Brewer, 2002).

 

 

5.6. Saber abandonar el éxito. Xavier Guix (2010) recalca la importancia de saber dejar “la cumbre” en el momento oportuno:“Una vez que se han saboreado las mieles del poder, del éxito social o se ha gozado del afecto que produce ser un personaje popular, cuesta horrores renunciar a todo ello, diluirse en el anonimato y tener una vida discreta y rutinaria. Más allá del éxito hay vida, sin embargo hay que aprender a vivir en ella, deshacerse del personaje e irse desapegando de la obsesión por el triunfo personal. La primera dificultad para las personas que durante un tiempo han estado en el ojo del huracán popular, gozando de una vida de privilegios, consiste en saber cuándo deben abandonar el escenario. Llega un momento en que por coyunturas políticas, por modas, por el mero paso del tiempo, se esfuma esa magia que a uno le encumbró al Olimpo de los dioses. Es el momento de saber hacer mutis por el foro. Y hacerlo con elegancia, gratitud y aceptación” (Párrafo, 9).

 

5. 7. Rodearse de personas honestas y de confianza.Hay que huir de aquellos hombres y mujeres que sólo se acercan a la persona de éxito por lo que tiene y no por lo que son. Éstas personas buscan aprovecharse y hacer suyo un éxito que no les corresponde (Hartley-Brewer, 2002).

 

5.8. Vivir el fracaso como parte de la victoria. No hay que tener miedo a equivocarse ya que esta emoción debilita la autoestima y genera ansiedad (Hartley-Brewer, 2002).La consecución del éxito no se produce sin esfuerzo. Es más, suele ser preciso más de un fracaso para, finalmente, lograr alcanzar la meta. Las competencias emocionales personales como el auto-conocimiento, el auto-control o la capacidad de motivación serán de gran utilidad para hacer frente al binomio “éxito-fracaso”, relativizar el fracaso y aprender de él o reinyectarse confianza para lograr nuevos propósitos. También, es esencial para tomar en su justa medida el éxito, observándolo con una cierta distancia y no dejándose embargar por emociones excesivas (De Mora,2005;Salvador,2008).El fracaso marca el camino hacia el éxito, siempre y cuando se sepa aprender de los errores y rectificarlos.

 

5.9. Renovar las metas y disfrutar del camino.En la esencia del ser humano está la semilla de la superación, por ello, una vez alcanzado el éxito, buscará otros retos para dar sentido a su existencia (Frankl, 1991). Para gestionar adecuadamente está búsqueda será necesario disfrutar del camino para alcanzarlos (Lee, 2006). Así, como señala Enrique de Mora (2005) “la magnitud del éxito no es especialmente relevante, lo realmente gratificante es lograr culminar con acierto los pequeños retos que uno se va imponiendo en la vida cotidiana” (Pág. 41).

 

Cada día se producen mini-éxitos y mini-fracasos que van sacudiendo positiva o negativamente el estado de ánimo y que son los que acaban determinando una trayectoria global más o menos exitosa (De Mora, 2005).

 

5. 10. Trabajar la educación emocional. Las competencias emocionales son imprescindibles para afrontar los grandes retos de la vida, entre ellos la gestión adecuada del éxito. Por ello, hay que otorgar más importancia a la formación emocional frente a la técnica que suele estar excesivamente valorada (Goleman, 1996; Hartley-Brewer, 2002).

 

6. Conclusión. Desde pequeños nos inculcan la importancia de alcanzar el éxito material. Porque hablar de éxito es pensar en dinero, en fama, en poder… y de forma instintiva creemos que todo ello equivale a ser feliz. Todos nuestros esfuerzos, desde las horas estudiando en el colegio hasta el hacer méritos en el trabajo, van destinados a alcanzarlo. Finalmente, y aunque la inmensa mayoría ansía llegar a la cumbre, sólo unos pocos lo logran.Hoy en día, existen múltiples “best-seller” que explican repetidamente las técnicas para alcanzar el éxito material y, sin embargo, son muy pocos los textos o investigaciones que hablan de cómo gestionarlo una vez alcanzado. Porque tras la euforia de llegar a la cumbre, hay que asimilar los cambios que ese éxito trae consigo a nuestra vida y establecer la fórmula para mantenerse en ella (si es lo que se quiere).

 

Son muchas las personas famosas o anónimas que a pesar de haber llegado a lo más alto no son felices e incluso sufren grandes trastornos psicológicos como consecuencia de ello. Ante la paradoja que esto provoca, los objetivos de este texto han sido tres principalmente. Por un lado, conocer los motivos que nos llevan a desear el éxito con tanta fuerza, por otro, descubrir las razones que provocan la insatisfacción posterior y, finalmente, proponer algunas claves de la Inteligencia Emocional para lograr una gestión adecuada de la situación.El poder, la fama o el dinero no son aspectos buenos ni malos en sí mismos, depende del uso y la gestión que haga la persona de ellos. De hecho, hay muchas personas que son muy felices por haber llegado a dónde están, en parte porque viven el éxito como una fuente de realización personal y de servicio a los demás. Sin embargo, esto no es fácil y requiere de una gran madurez y estabilidad emocional.

 

Si queremos una sociedad más feliz y un éxito más humano, será imprescindible invertir en educación emocional. Sólo de esta manera, podremos interiorizar que las metas deben ser distintas para cada persona y que la satisfacción está en el desarrollo personal que experimentamos en el camino hasta llegar a ese éxito. Una vez alcanzada la cima, habilidades como la adaptación, la reflexión, la humildad o las acciones basadas en el equilibrio razón-emoción serán esenciales para sobrevivir al éxito y disfrutarlo.

 

 

. Bibliografía Libros: FRANKL, Viktor (1991): El hombre en busca de sentido. Editorial Herder. Barcelona.GOLEMAN, Daniel (1996): Inteligencia Emocional. Kairós. Barcelona.Artículos en revistas en papel:DE MORA, Enrique (2005): El éxito, un asunto de sugestión, gestión y digestión en Capital Humano, nº 188. España.FERNÁNDEZ BERROCAL, Pablo y EXTREMERA, Natalio (2009): La Inteligencia Emocional y el estudio de la felicidad en Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 66. España.GAROARSDÓTTIR, Ragna B. (2009): It’s not the money, it’s the quest for a happier self: the role of happiness and success motives in the link between financial goals and subjective well being in Journal of Social and Clinical Psychology, Vol. 28, No. 9. UK.HARTLEY-BREWER, Elizabeth (2002): Hooked on success” Does “success at any Price impact on health and happiness? in New Economy, vol 9. UKMAYER, J. D., SALOVEY, P. y CARUSO, D. R. (2008b). Emotional intelligence: New ability or eclectic traits? in American Psychologist, 63, 6, 503-517. USA.MAYER, J. D., ROBERTS, R. D., y BARSADE, S. G. (2008a): Human abilities: Emotional intelligence in Annual Review of Psychology, 59, 507-536. USA.LEE, Dwight R (2006): Who Says Money Cannot Buy Happiness? in The Independent Review, n. 3. USA.LUSCOMBE, Belinda (2010): The Cost of Happiness in Time, vol 176.USA.OLIVA, Mercè (2012): Fama y éxito profesional en “Operación Triunfo” y “Fama ¡a bailar!” en Comunicar nº 39. España. SALVADOR, Carmen María (2008): Impacto de la Inteligencia Emocional Percibida en la autoeficacia emprendedora en Boletín de Psicología, nº 92.España.SCHNITTKER, Jason (2008): Happiness and Success: Genes, Families,and the Psychological Effects of Socioeconomic Position and Social Support en American Journal of Sociology, vol 114. USA. Artículos en publicaciones web:BEN-SHAHAR, Tal (2011): La búsqueda de la felicidad en Leader Summaries. Disponible en http://www.leadersummaries.com/ver-resumen/la-busqueda-de-la-felicidad Consultado el 15 de diciembre de 2014BROOKS, Arthur C. (18.07.2014): Love people, not pleasure in New York Times. Disponible en: http://www.nytimes.com/2014/07/20/opinion/sunday/arthur-c-brooks-love-people-not-pleasure.html?_r=0 Consultado el 10 de octubre de 2014.ECHEANDÍA, Rossana (04.02 .2014): Éxito y autodestrucción en El Comercio. Disponible en http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/exito-y-autodestruccion-rossana-echeandia-noticia-1707036 Consultado el 13 de diciembre de 2014.FRAILE, Guillermo (s/f): En busca del éxito: una visión complementaria entre generaciones en Desde el Campus. Disponible en http://www.iae.edu.ar/antiguos/Documents/IAE14_90a94.pdf Consultado el 20 de noviembre de 2014.GUIX, Xavier (04.07.2010): Cómo sobrevivir al éxito en El País. Disponible en: http://elpais.com/diario/2010/07/04/eps/1278224813_850215.html Consultado el 28 de noviembre de 2014.PEREÑA, Octavi (18.04.2014): Vida Rotas en Diario del Siglo XXI. Disponible en http://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/83380/vidas-rotas#.VAntwfl_uD8 Consultado el 23 de diciembre de 2014.REAL ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Disponible en http://lema.rae.es/drae/srv/search?id=f2w5kGrdYDXX2PdPxtZg Consultado el 30 de diciembre de 2014.SHELDON, Kennon M; GUNZ, Alexander; NICHOLS, Charles P & FERGUSON, Yuna (2010): Extrinsic Value Orientation and Affective Forecasting: Overestimating the Rewards, Underestimating the Cost in Journal of Personality, nº 78:1. Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20433616 Consultado el 26 de diciembre de 2014.

FRANKL, Viktor (1991): El hombre en busca de sentido. Editorial Herder. Barcelona.

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Artículos en publicaciones web:

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Brooks, A.C. (18 de Julio, 2014): Love people, not pleasure: “an animal in a cage; a toy in a shop window; a Barbie doll; a public facade; a clay figure; or, that guy on TV”. Traducción propia. [2]

Hartley-Brewer, E. (2002). Hooked on success” Does “success at any Price impact on health and happiness?: “Already, one in ten children aged five to fifteen has a serious mental health problem, according to the Office for National Statistics”. Traducción propia.

[3] Hartley-Brewer, E (2002). Hooked on success” Does “success at any Price impact on health and happiness?: “Success at any price may, indeed, have a cost in terms of human health and happiness”. Traducción propia.[4]

Cita original: “Love things, use people”.[5] Cita original: “Love people, use things”.

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